Sexo y dictadura

Con la Argentina del monstruo Videla y Chile del tenebroso Pinochet, cambiaron las formas en que las mujeres nos hacían el amor.

Ya dije que las chilenas se fueron momificando en la medida que Satán Pinochet se apropiaba del cuerpo de los chilenos. Antes de Satán, las chilenas me hacían el amor con dulzura y con mucha alegría, y disfrutaban tanto, eran tan paganas, que me dejaban exhausto y feliz en el campo de combate. Ya a finales de Pinochet, después de tantos años en el infierno, los chilenos habían abandonado toda esperanza de ser libres, la cosa era ser lo mas militar posible en todos los órdenes de la vida, pasando por el sexual.

En Argentina, antes de la gangrena de Videla, las jóvenes vivían follando, sin ningún tipo de moralidad eclesiástica. Muchas incluso de ahorraban de usar ropa interior, sumado a esto las minifaldas, era fácil considerar como terminaban los encuentros en los bares o entrevistas laborales.

La liberación sexual llegó en manos de libros como el Orgasmotron de Wilhelm Reich, Master u Johnson, Theodor Reik, el Kamasutra más la moral anarquista del amor libre. Con Videla y en el post-videlismo, las mujeres en Argentina se fueron endureciendo o encalleciendo y más que momificarse como le paso a la mujer chilena, la argentina se volvió anorgasmicas y enemigas del tiempo y pidiendo al gimnasio y la cirugía un volver al pasado. Pero no querían ser diosas para el gozo de su hombre, sino para competir mejor con la afición de los hombres ejecutivos - otrora marxistas y gramscianos- de más de cuarenta por las jovencitas, o mas crudo todavía: para que al jefe le apeteciera de vez en cuando pegarles un chirlo en la cola y que no las dejaran en la calle con dos o más hijos que criar y un marido ausente y todavía con el sindrome depresivo del post-videlismo.

Chile ha elegido una mujer que puede tomar el camino de las momias o momios como le llaman en Chile a los ricos o relajarse y gozar un poco, aspecto necesario para que tambien los demas puedan relajarse. Me parece una mujer demasiado firme, incluso un poco andrógina. No me imagino echandome un polvo con ella, pero sobre gustos no hay nada escrito, además en la vida privada puede ser otra cosa y con la ayuda de una seductora conversación y unos vinillos, las distancias pueden acortarse hasta llegar a la falda.

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