Los invasores



"el 80% de los seres que nos visitan son como nosotros."
Juan José Benítez


Esos seres que ves caminar, andar en sus coches, llevar a sus hijos a la escuela, en el mercadillo y en las plazas, tienen agrios corazones.Sus caras de asco son máscaras que nunca se sacan.

En sus casas, al calor del hogar, y sin forasteros al acecho, ellos revelan sus verdaderos rostros de reptiles extraterrestres, que aguardan la oportunidad para cargarse a los terráqueos. Nadie sabe a ciencia cierta como es su voz de reptiles inteligentes. Los biólogos evolucionistas no tienen explicación acerca de cómo un reptil común devino en uno inteligente y con un sentido del humor que supera con creces al de los terráqueos.

Hay rumores más o menos serios, que hablan de gente devorada por reptiles en Cuevas del Almanzora y otros sitios, donde se cree que han ido llegando estos invasores. Puede que esta gente que hoy está muerta o desaparecida, tal vez abducidas para convertirlas en maquinas de follar y procrear una nueva raza de esclavos que serviran a los brillantes saurios.

Conocí el caso de una empleada de la limpieza que entró a una habitación donde no debía entrar y encontró a dos reptiles haciendo el amor, parecidos a los que se ven en el monte pero grandes, muy grandes y con dientes filosos que hincaron en el vientre de la humilde limpiadora y prosiguieron el festin a pesar de sus ruegos: no les diré a nadie, por favor tengan piedad.

-Ja, Já, ¿Piedad?, pero qué es eso, le decía el macho a la hembra mientras ahora había hincado sus dientes en el carnoso braso de la mujer.
-Pero tengo una hija de solo doce años, me tiene solo a mí, -decía mientras agonizaba.
-Bueno tráela para aquí, vé llámale por teléfono, dile que la estamos esperando y que nos haremos cargo de ella. La adoptaremos.

Con el movil de la limpiadora la llamaron.

-Oiga, mire aqui estamos con su mama, que se ha caído y roto un brazo y quiere que usted, su hija, la pase a buscar.
-Páseme con mi mamá.-retruca la niña que con sus doce años no es ya tan inocente.
-Nó, imposible, está dormida; el médico le dio tranquilizante.

La niña encontró la puerta abierta del apartamento.
-Pasa, pasa - le dijeron desde el dormitorio de los señores- sí pasa, no tengas verguenza, aquí la tenemos, acostada en nuestra cama.
Solo quedaba su cabeza y la habían apoyado en la almohada, ellos estaban disfrazados de humanos.
-Bueno besa a tu mama.
Pero la niña, cuando paso su mano por la cabeza de su mamá tan fría, tan pálida, con los ojos como los de una muñeca vieja; el cráneo rodo por el suelo y el dormitorio se oscureció y pusieron la música a todo volumen.

Muchos me tienen como loco pero yo los he visto y ellos lo saben y por eso cada vez que me ven me disparan con sus agrios corazones, sé que vienen por mi y que cuando se den las condiciones propicias se sacarán la máscara y yo seré el plato favorito de estos parientes de nuestras viboras. Pero mientras pueda los combatiré y si me les puedo adelantar lo voy hacer o mejor dicho ya lo estoy haciendo.

El primero fue un vendedor de coches que vivía con su esposa que también es un reptil y su hija. Una noche esperé que se retirara de su empresa en las afueras de la ciudad de Huercal-Overa y lo abordé en la autovía, me puse por delante de su coche y le hice señales de luz pero como no me hacia caso lo obligué a parar. Me bajé del coche, me acerqué al suyo y cuando lo tuve a mano, le clave una jeringa con un poderoso tranquilizante. Adormecido lo baje del coche, ya estaba oscuro, y lo recosté sobre la orilla del camino, estaba frio y con una navaja empecé a cortarle su mascara que sangraba y sangraba, la verdad que era una mascara perfecta donde incluso hasta el mas mínimo detalle parecía humano. El hombre aunque apenas podia moverse, me miraba e intentaba defenderse mientras yo seguia hendiendo mi cuchilla en la falsa carne de su mascara. Hola vecino, de dije con esa ironía que todos me critican tanto, cuando van a organizar otra fiesta en la urbanización, si cuando, la última me gustó mucho, si, mucho, me hubiera gustado hablar más con usted pero siempre me andaba escapando, donde me veía huía.

Lo despellejé hasta dejar su cara como la del cuadro "Lección de anatomía" de Rembrandt y tambien me acordé de aquel videoclip de un hombre que va perdiendo todas sus carnaduras hasta ser un esqueleto.Pero el hombre seguía sangrando y ya el tranquilizante habia cesado de dar efecto, sus gritos retumbaban en todo el valle.

Un pastor venia de recoger su cabras, el hombre caminaba con varios perros a su alrededor por la otra por la otra acera, y venía a nosotros, seguro que había escuchado los gritos, entonces le pegué varias trompadas al reptil extraterrestre hasta desvanecerlo, el hombre me miraba y varias cabras se detuvieron curiosas mientras otras corrían espantadas.

"Nada hombre, siga, ya llame al Samur, está todo bien - le dije, - siga por favor, siga, yo soy médico y la hemorragia ya esta controlada.
El hombre se retiró, no muy convencido y seguro que apenas llegara a su cortijo en el bajo, avisaría a la policía si no lo estaba ya haciendo con su movil.
Cuando el pastor desapareció seguí con mi trabajo de extraerle su mascara, pero estaba tan nervioso que con la mascara salieron pedazos de su verdadero rostro y todo estaba tan asquerozo que el vendedor de coches ya no me servía como prueba para demostrar a los hombres que estabamos siendo invadidos.

Lo deje agonizando y recogí los pedazos de carne que metí en una bolsa de supermercado, en la misma que traía los guantes de latex. Tengo una novia que estudia anestesiología y ella seguro que podría reconocer donde terminaba la máscara y empezaba el reptil.

Después de esto me sentía bien, había terminado con uno de nuestros enemigos y como un Quijote moderno iba a emprender contra otros molinos de inmundos extraterrestres. Sé que como Alonso Quijano debo buscarme un escudero, ya lo encontraré.

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