La trampa de la humillacion

Anoche unos amigos argentinos me invitaron a cenar. Vivo en Cuevas del Almanzora, un pueblo del levante Almeriense. La centa estuvo buena por cierto, y más un vino Navarra y la cava o champagne.

Las conversaciones de argentinos en el exilio económico son muy vibrantes, profundas y cada palabra asume su verdadero significado. Una de sus hijas,tiene tres, la de 9 años, se sentó en la falda de su mamá y escuchaba atentamente el diálogo, entonces la mama pidiendolé permiso a su hija, nos contó que una compañera le había dicho, en una discusión, argentinucha, a lo que ella contestó españolucha y entonces todos los otros compañeros se precipitaron sobre ella.

La televisión con su presencia fantasmal, a espaldas de la mesa, pasaba la visita del actor argentino Brown, que parece que suena fatal para las españolas, en especial después de su participación protagónica en un culebrón de sombreros de cowboy. Su acento argentino es bastante alejado del romanticismo que destila la telenovela y es hasta un poco chocante. Pero vamos, digamos que este actor debe estar llenando sus bolsillo yendo y viniendo a todos los programas del corazón.

Ya al final de la cena, a la que fui solo, porque mi madre, ¡up pecatum!, digo mi esposa está ahora en Marrakech con nuestros dos hijos -¿viste?, te lo digo de nuevo M-a-r-r-a-k-e-ch-ch-ch - .
Salimos con alguna excusa y nos fuimos a tomar una cubata a un bar donde seguimos conversando, ya ni se de que pero con mucha efusión. Parece que en ese bar, no tan elegido al azar , le debían algunos euros por unos cristales que había instalado.

El tema central de nuestra cena fue la humillación y como evitarla, ya asumir esto de la humillación suena duro y afecta tu autoestima, considerar que alguna gente te quiere humillar. Hablamos de diferentes trucos, y yo le mencioné el capítulo cuatro del libro Como ganar la carrera de ratas sin convertirte en una rata del seudónimo Addison Steele, libro que recomiendo y que podrán encontrar en el google.

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