dame dinero y movere el mundo

Conozco una bestia peluda, el hombre de la máscara, que no necesita motivarse para ganar dinero, porque ganarlo es ya una motivación en si mismo; "dame dinero y moveré el mundo" es su eslogan, su misión en la vida.

Para mi ganar dinero me produce nausea, debo conversar conmigo mismo ese día, estar medicado con algún antidepresivo y así anestesiado salir a vender, a ejercer un acto contranatura que es de por si el emblema de la deshumanización; sé que lo tengo que hacer, sé que estoy aquí gracias a que mi padre era vendedor, sé que llevo cuatro años en la ciudad de los agrios corazones porque vendo cosas junto a este comediante que describo pero y si no vendes, ¿de que vives? Pero como digo al hombre de la máscara vender o mentir, que para él son sinónimos, lo pone a mil. El sale con la carpeta de precios como si fuera a una cruzada religiosa y cuando logra una venta está pletórico, feliz. Su autoestima parece crecer en varios puntos, se debe sentir reconocido socialmente.

Al hombre de la máscara le dices que con esto ganaremos tanto y a partir de allí se empieza a movilizar y no hay reto que lo desanime, basta que haya un buen negocio para que se ponga las pilas se cargue el kit de mentiras y salga a venderlo.Pero este nauseabundo que describo, ser de carne y hueso, es el heroe urbano de esta sociedad mercantil.

"Poderoso caballero es el Señor dinero" decía Alonso Quijano. La gente más reconocida aqui en la ciudad de agrios corazones, son los depredadores. Puede que la locura del Quijote haya sido una escapatoria a la depresión y a seguirse fugando con sus lecturas de caballerías.

Cocaina, prozac, valium, paroxetina, mescalina, mariguana, heroina, opio y un litro de vino tinto son puentes lanzados contra un mundo convertido en un planeta de agujas emponzoñadas. La droga te permite ver todos los días a gente como el hombre de la máscara sin vomitar, seres detestables, que hacen que el mundo sea horrible y nauseabundo.
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