Emociones negativas

Participé de un grupo que predicaba la no expresión de las emociones negativas, entendidas como la cólera, la envidia, el pesimismo y no recuerdo si incluían la depresión o abatimiento.

Se decía que las emociones negativas eran grandes ladrones de energía necesaria para la transformación en la que todo el grupo estaba empeñado. Había una alquimia que consistía en transformar nuestras materias más gruesas por livianas.

Cuevas de los mandrágoras, donde vivo, es un gimnasio perfecto para poner a prueba nuestros ejercicios religiosos, te encuentras a cada paso con gente que hará lo imposible para sacarte de quicio- Esa gente, son como los demonios de los que hablaba Buda o como el tentador que se le acercó a Jesús a proponerle el reparto del mundo.

Siempre he pensado que Cuevas de los mandrágoras es Peyton Place -no sean flojos usen el google-, es la Santa María de Juan Carlos Onetti, Macondo de Cien años de soledad, Jocnapatauwah de Faulkner.

De todas las emociones negativas hay dos que son las que más me abaten: la primera es la hipocrecía mezclada con la manipulación, la mentira y la codicia. Te das cuenta de este misterioso arte social cuando has sido timado con medias palabras, silencios, dilaciones, sobrentendidos que se convierten en malentendido.

La segunda emoción negativa, es la hostilidad, vivir en un lugar donde mucha gente parece detestar a los forasteros, que no son solo los inmigrantes, se le suman los extranjeros (se diferencian de los inmigrantes en que tienen dinero, no vienen en pateras y es un poco más complicado humillarlos), luego todo aquel que proviene de algúna comarca que esté a más de 30 kilómetros de los habitantes de Mandrágoras, o el marquesado de mandrágoras, como se llamaban en la epoca en que eran siervos de la gleba. Esto último dicho con bastante emoción negativa en la sangre.

Hoy, 4 de enero, pasará a la historia por volver a ser puesto a prueba. Deberé estar muy alerta, y si nó, que todo se convierta en literatura.

Categorías: , ,
Categorías:
0