La ciudad de la furia

" Con la luz del sol
Se derriten mis alas
Solo encuentro en la oscuridad
Lo que me une con la ciudad de la furia"


Nuestros días están programados para no pensar, no meditar y dejar que las cosas hagan vuelos rasantes sobre nuestras cabeza, hipnotizándonos para que siempre demos la misma estereotipada respuesta.

Somos como las máquinas, incapaces de pensar, en el sentido de explorar e indagar en lo desconocido y no solo artícular reglas lógico-matemáticas, que por cierto esto último lo hacen mucho mejor las máquinas.

Cuando en el medio de esa fatiga crónica, encontramos unos días de descanso y pasamos en cámara lenta todas las idioteces que hacemos, descubrimos los trucos del conejo y el sombrero, pero cuendo vuelve la furia, volvemos a caer en sueño y a creer que hay conejos blancos en el sombrero.

Somos prisioneros en la cueva de las sombras, pero cada tanto nos dejan salir a tomar aire y un poco de sol; y mientras estamos arriba no dudamos de que esa luz es la realidad, pero cuando el guardia nos pita y retornamos al foso, nos volvemos a olvidar de la claridad y a creer que la única realidad son las cónfusas tinieblas.
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