las fiestas del desenfreno - Cronicas de dragora

Los drágoras habían vivido desde siempre entre montañas, era un valle cerrado que les permitió por la consistencia de sus rocas vivir en cuevas. Esto hizo que durante miles de años se casaran sólo entre ellos, lo que hizo que cada persona era como una réplica de otro.

Se vieron obligados a poner nombres distintos para distinguirse entre ellos y en algunas épocas eran tanta las enfermedades que esta práctica de casarse entre primos producía, que hubo un rey que en una de las celebración al dios Dinero permitió la entrada de extranjeros a practicar el desenfreno - el dios dinero, antes santo y luego Dios; primero dios menor, una suerte de mano derecha del Dios absoluto y luego se supo, por un manuscrito encontrado en una anfora en una cueva, que el Dios del dinero destronó al absoluto y reina único y soberano en la vastedad del aire, el agua y las cuevas- .

Luego del desenfreno, los extranjeros eran expulsados de Drágora, de no hacerlo se atenían a las consecuencias. Todo el año las mujeres de Drágora esperaban la fiesta del desenfreno, e incluso más de una escapaba con los extranjeros y de ellas nunca más se conoció su historia. Pero el rey tuvo que poner fin a esta fiesta anual que ponía en peligro la estirpe Drágora y entonces la celebración se hizo solo cada cinco años, pero el pueblo, lo mismo siguió haciendo la fiesta del desenfreno anualmente y que llamaron "el entierro de la sardina", donde a falta de extranjeros, la mitad de las mujeres se disfrazaban de hombres del más allá y la mitad de los hombres de mujeres de Drágora. En los cuatro días del desenfreno, los disfrazados hacían el amor en las cuevas, bebían vino y el último día desfilaban las cofradías que veneraban al dinero, arrojando sardinas a la gente.
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