Breve historia del Psicoanalisis

"...unos hombres que están en ella desde niños,atados por las piernas y el cuello de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos..."
La República de Platón, Libro VII , 514 a



"- ¿Cómo vas a pagar? - preguntó.
- En afectivo - respondí."


Sigmund Freud médico neurólogo descubre una ciudad oculta en la siquis humana, apenas evocada, insinuada por Platón, Nietsche o el Popol Vuh; él se da de narices contra ella, allí la tiene en la mente de una paciente y en principio no lo puede creer. Su descubrimiento será tan grande como el de Copérnico o el de Colón y arrodillado frente a su vacuum terra, piensa un nombre fundacional para estos pantanos tropicales: subconciente -lo que está más allá de la pequeña conciencia. Conciencia que es solo un punto pero que sólo sabe usar el látigo, los hospicios de clausura y el chaleco de fuerza.

Una conciencia que ha tenido en vilo a toda la humanidad y que también a latigazos sostiene un orbe industrial. Sin el látigo y las hambrunas del desempleo las fábricas no echarían humo y sin las remington y las salas de tortura, las colonias estarían prontas a las rebeliones.
Su hallazgo solo lo conoce él, pero cómo decirle a la gente, a ese siglo tan racional, que lo que nos mueve son fuerzas ocultas, más alla de la conciencia y que en realidad para curar las mentes, el médico debe convertirse en un espeleólogo y con una pequeña linterna adentrarse en la cueva, con la sola guia de las palabras del paciente; será un viaje de años, adentrarse en la belleza de esas cuevas, las que durante miles de años nadie se había atrevido.

Pero cuánto cuesta esa expedición y quién la pagará o si no es mejor - y más barato- una pastilla o un terapia breve o las curas en grupo, seriales. Ademas la rentabilidad está garantizada, el paciente debe tomar la pastilla de por vida.

El hombre de negocio considera que el Psicoanálisis nunca estará al alcance de las masas, o ellas tendrán que elegir entre la cuota del coche o el Psicoanálisis. Por cierto que este método ya era trasnochado para un mundo ligero, futurista: hablar de tratamientos de cuatro o cinco años, con sesiones casi diarias; era un lujo imposible, entonces vinieron los ataques, primero contra algunas inconsistencias del Psicoanálisis, que usando un mapa legado por Freud, pretendia encontrar en todas las cuevas la misma disposición: la ceguera del mapa, la realidad debía ser el mapa, la alucinación del mapa.
A fines del siglo XX el Psiconanálisis crujía en toda su osamenta y pronto se hundiría en manos de las pastillas y las terapias veloces.

Ha quedado un vacío, no hay Psicoanálisis, pero tampoco exploradores, espeleólogos. Todo se soluciona rápido y las puertas extrañas de la mansión se cierran con doble llave y se le recomiena al huesped, que no las abra, así mejor para todos. Ahora el tratamiento es obtener un hombre productivo con su fabrica, su familia y con el mismo; logrado esto: que pase el siguiente.

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