El pecado de la autoedicion

"Mala escritura, formato y diseño mediocre, demasiados errores gramaticales: todo ello indica una operacion que no llega a ser profesional."
Los libros editador por el autor, los encontramos en todas las librerías, son libros apartados, llamados locales, regionales u otros nombres degenerativos. Los detectamos inmediatamente por la mala calidad de su edición, los "horrores" ortográficos (no han pasado por correctores, pruebas de galera, etc), la gráfica, el diseño, en fin: un trabajo de aficionados para hacer el libro, pero no para cobrar al autor, que quizás estuvo ahorrando varios años o que prefirió publicar sus poemas, novela o cuento a salir de vacaciones o renovar el viejo coche. Basta ver el perfil de la gente que tiene sueños literarios para entender la tragedia: bibliotecarios, profesores de instituto, funcionarios de ayuntamientos, cuidadores de guardería, asistentes de domadores, etc.

El editor no tiene la culpa, en definitiva es como el tabernero: el sirve lo que el cliente pide. Cuando el escritor llega a la autoedición, es como un ejército en retirada, derrotado en cada encuentro y llevan grabado en la frente en luz de neón las palabras: " rechazo editorial".

El editor se despreocupa de la tragedia, ya ha cobrado el libro y no le importa un bledo la difusión del mismo, del marketing (¿qué es eso?). El trato es 50% al encargar el trabajo y 50% cuando retira el libro de la imprenta, donde casi siempre va el mismo autor en su coche a buscarlo. Al otro día empieza la procesión, visitas a librerías del pueblo, envío de libros a periódicos que nunca contestarán, ¡oh! me olvidaba la presentación del libro en el círculo de escritores de la villa, con vino y copetín incluído. Normalmente se invita algún personaje del pueblo e incluso al alcalde.

En las librerías, solo le reciben los libros en consignación y entonces pide que le den algun lugar en las vidrieras,en las mesas... lo que normalmente no hacen.Con el tiempo apenas se ha vendido su libro y entonces a pedido del mismo librero, retira la consigna y cuando llega a su casa, sabe que tiene el baúl del coche con un incómodo cargamento. Es cómo llevar un cadáver.

Los libros son guardados cada vez en lugares mas alejados, hasta terminar en algun galpón de la familia en el campo o en él cortijo del abuelo.
Cuando el escritor muere sus libros, que los herederos encuentran en algún cofre o galpón, son vendidos a los cartoneros que los reciclará y como la piel de zapa volverá a manos de algún editor, que esperará desde las sombras la llegada de otro escritor ilusionado.

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