Los vagabundos del metro

Son una hermandad secreta y en las noches son los únicos seres que pueden tener sueños compartidos. La mayoría están dotados de alguna santidad y cuando están por morir viajan en primera clase con el ángel Gabriel que en persona los viene a buscar. Muchos vagabundos dicen ver luces premonitorias en torno del moribundo, como las luces que desprendía chispita en la pelicula Peter Pan, incluso el moribundo abre los ojos y sonríe por primera vez apaciblemente. En ese último viaje el vagabundo no siente ya frío y aunque le queda la costumbre de acurrucarse o abrazar al que tiene al lado, casi siempre un perro, ya todo eso no le hará falta, nada tenía y nada se ha llevado de este mundo; a su perro Corcho le hubiera gustado llevárselo y mientras se eleva, sí como si levitara, advierte de que Corcho está intranquilo, y que lengüetea lo que ya es un cuerpo inmóvil y frio. “Pero, ¿quién cuidará a corcho?”, le pregunta a Gabriel. “De eso no se preocupe, le buscaremos un amo que lo quiera tanto como usted lo quiso.”
“Pero si usted supiera cómo me quería ”
“Perdone que lo interrumpa pero no se pierda estas vistas, mire su ciudad como se ve en la noche y ahora la tierra como brilla.”
“¡Oh! la verdad que es muy bello todo, pero como le iba contando una vez me salvó de una banda de skins o de qué se yo, yo estaba perdido, muy borracho, en el metro de la estacion Borges, me empezaron a dar cadenazos y gritarme de todo y el perro estaba furioso y ladraba y mordía por todos lados y el se ligó las cadenas y hasta varias cuchilladas, hasta que la banda desistió ante el escandalo de los ladridos. Lo curé en el centro de salud que está a la vuelta de la estación, y estuvo mucho tiempo al borde de la muerte. Creo que durante ese tiempo no bebí y vivía para cuidar a mi Corcho que se repuso aunque desde esa epoca renguea un poco.”
“Ya estamos llegando, ¿ve esa pequeña luz?”
“Ah, sí, sí.”
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