Chivos expiatorios

Hay veces que me tomo muy en serio, que es una falta de seriedad, porque uno puede ser serio, pero no muy serio. Mi síntoma de que estoy muy serio, es que me escandalizo y aunque no la tengo a la Maria Magdalena para lapidar, lapido a otros, aunque más no sea virtualmente.

Salgo de este atajo diciendo que no soy solo el Raúl Lilloy, sino que hay una legión de yoes que se disputan la boca y las manos, para decir y hacer cosas, que después raul lilloy tiene que pagar y hacerse cargo.

Uno de esos yoes que mas me fastidian, y que este blog está lleno de este personaje, al que desautorizo por este medio, dado que ya no pertenece a la empresa Raúl Lilloy, es el que se vive indignando, se indigna de Varsavsky, se indigna de que los chilenos no juzguen a Pinochet, se indigna de que supuestamente lo timen.

Estos yoes de la indignación deben ser resultado de un mal polvo, algun residuo infantil no muy bien resuelto, de que tengo los bolsillos huecos y no se qué más.

Estoy tambien escandalizado de los que se escandalizan, lo veo un gesto de mala follada, de apuntar la agresividad a un lugar inadecuado. Es como si toda la frustración busca símbolos viables de ser repudiados. Era como cuando en la época de la dictadura de Videla yo estaba obsesionado y agresivo con mi padre, que era más sano que estar agresivo con quien era el verdadero responsable de la situación: Videla o el carnicero Massera. Pero esa opción podía ser trágica y el cerebro en su sabiduría buscaba a mi padre como chivo expiatorio.

¿No estará pasando lo mismo con esto de las caricaturas? Me pregunto si en el mundo árabe no hay extremadas injusticia sociales, dictaduras, pobreza, suficientes para indignarse unos dos millones de años. ¿Porque no empezar por limpiar la casa? No digo que sea un problema de todo el universo musulmán, donde hay paises que tienen bien consolidadas sus repúblicas democráticas islámicas como es el caso de Iran, pero ¿y el resto de esa comunidad?, ¿hay democracia realmente? No digo al modo occidental, hablo de que la gente pueda expresar sus ideas libremente, dentro del marco religioso de cada comunidad, que la distribución de la riqueza sea democrática, que exista pluralidad informativa y tolerancia religiosa y política.

Como decía el Señor Jesús: el que este libre de culpas que arroje la primera piedra.
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