Prestar atención

La necesidad casi histérica de llamar la atención; fotos extrañas,
comentarios fuera de lugar, todo lo que contribuya a que los demás piensen
que somos especiales, fuera de serie. Una necesidad de nuestro pequeño yo,
de gritarle al mundo, ¡ea!, aquí estoy yo. De todo ello, a los jóvenes
siempre les queda el camino fácil de ser raro, de no caer en los lugares
comunes de los viejos, es decir en lo que ellos indefectiblemente se
convertirán. La búsqueda de la originalidad, que no llega tan fácil, los
pone a los jóvenes en una encrucijada.

Los niños quieren también llamar la atención, pero son más efectivos y
además van al grano, solo pretenden llamar la atención a una persona
concreta, a la madre o a veces al padre y nada más; pero los que pretenden
llamar la atención del mundo, de los otros, la tienen más difícil.

¿Se puede renunciar a ese imperativo de querer ser famoso, fuera de serie,
ser marcado por la calle, firmar autógrafos, salir en la tele? Krishnamurti
propone sacarse de encima ese deseo por ser pueril; claro es que pueril es
el niño que se tira al piso y hace pucheros histéricos para que la mamá le
preste atención. De algún modo es más fácil que renunciar al dinero, el
dinero es un hecho, en especial cuando no hay, su ausencia es su presencia.
El no contundente del mundo, arrincona a los jóvenes y los hace trazar el
camino del mileurismo, pero esa es otra historia.

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