Lugares horribles


Ser judío y despertar el 9 de noviembre de 1938, en una casa en Nuremberg en la víspera de la noche de los cristales rotos, o haber sido la noche del 16 de setiembre de 1976 uno de los diez estudiantes secundarios secuestrados, son ejemplos de personas viviendo situaciones horribles.

Puede que en el mundo hayan más lugares y situaciones horribles que agradables. Puede que también una actitud de cambio y no méramente adaptativa al lugar haga algo para que un lugar no sea tan horrible. Claro que esta actitud tiene sus límites, el medio puede estar tan a contracorriente de nuestras intenciones, que terminamos considerando eso de un frasco de tinta contaminando el mar.

Hay pueblos que no se merecen que uno diga que son horribles, eso supone acusar a sus habitantes de anima horribilis, porque al fin y al cabo son las personas las que hacen horrible a un pueblo y no la humedad, el frío, o el exceso de calor.
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