El anhelo

Todos los días Matías, rezaba y le imploraba a Dios que se lo llevara. "Tatita mío, si me estás escuchando, te pido que me lleves contigo, no se donde pero no quiero estar más en este mundo. Detesto todo y seguro que eso lo sabrás mejor que yo, que estás siempre presente, en todo momento, en todo lugar, como me enseñaron cuando hice la primera comunión."

Cada noche se repetía el mismo ruego y su pedido, día a día y noche a noche, se fue cargando de una tremenda energía, tanta que atravesó el sistema solar, la Vía Láctea, el universo e incluso como una flecha se clavó y atravesó las paredes del mismo ser de todo lo existente para caer en la mesa de trabajo del mismísimo Dios que leyó compadecido la carta. "Así se hará" dijo el todopoderoso y bastó su palabra para que Matías fuera borrado del mapa, desde ese mismo instante en que una lágrima misteriosa para nosotros los mortales rodara sobre la cara del Señor y cayera en un piso que era como de cuarzo o algo parecido.

Los que habían sido hasta ese momento padres de Matías, llegaron al apartamento desde el supermercado y acomodaron la verdura, las bebidas, el pan, en fin todo lo que sería una compra de la semana. María, su madre, fue a su pieza y no estaba; que habrá sido de este chico pensó pero no quiso decírselo a Mario, su marido y siguió cargando cosas en el refrigerador.

-Qué te pasa, ¿te siento rara?, ¿vas a empezar con lo mismo?
Ella siguió acomodando las cosas.
-Bueno vamos a probar de nuevo con ese nuevo especialista del que tan bien nos han hablado.-le dijo él.

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