Tutankamon

Hay algo que contar. Inasible, no tanto, si no, tiraríamos la toalla. Es un relato, eterno, estaba antes y seguirá; apenas, en sueños, uno lo ve pasar, como un caballo, que te produce arañas en el estómago; son caballos salvajes, que juro haberlos visto en sueños. Por todo ello, uno es arqueólogo de los sueños de la gente, anda entre las ruinas, escarbando aquí y allá, con su lupa y la escobilla, para ver que aparece; puede pasar tu vida y no encontrar nada, Tutankamon hay una sola, yo me conformaría con las ruinas del barrio en la calle Saavedra, de los leones del puente, hay que apurarse, sobre las ruinas cae una ceniza que pronto cubrirán todo, incluso a uno mismo, para que otros arqueólogos nos desentierren, nos pasen la escobilla y nos encierren en las vitrinas de algún museo.

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