La nueva lucha

El 21 de agosto estuve en Madrid a  las 7 de la mañana cabalgando en un Metro:  todos los pasajeros  eran inmigrantes, digamos un 90%, es decir son los que hacen los trabajos  poco creativos, reiterativos, aburridos, cansinos, agobiantes: cargas y descargas, construcción a pleno sol, guardias, grandes superficies.

 

La falacia de que el trabajo es un bien escaso, es  la mentira  de los que pretenden hacerle creer  a la gente “¿Qué suerte, tengo trabajo?”, en fin un retorno imaginario, del ejercito de desempleados de Marx.

 

Los trabajos debieran ser pagados por el grado de insatisfacción que producen, por su carácter corrosivo de lo humano, por su capacidad de generar tedio y también sufrimiento. Por estas razones es que los españoles han abandonado los invernaderos a 50 grados, la restauración, la limpieza de lo que se ponga por delante, nó por que los sueldos sean bajos, que no lo son, sino por ese grado de hastío, de repulsión que generan.

 

 

 

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