depresión postrevolucionaria

Joyce sugería que si no podíamos cambiar el mundo, cambiáramos de conversación, descreído el hombre. Pero siempre ha sido así, cambiar nuestro cerebro para que soporte mejor a un dictador o a un jefe acosador o la vida en un campo de concentración o en una cárcel. Por algo en la cárcel hay tanto consumo de lexotanil, valium, diazepan, cocaína, heroína, marihuana, etc.

Aún para un revolucionario, cambiar el mundo, puede ser en ocasiones algo suicida, en la Argentina de 1976 solo decirlo te convertía en desaparecido y lo mismo en la dictadura de Pinochet, la Alemania de Hitler o la España de Franco, ante eso si uno cae en depresión postrevolucionaria, tal vez lo mejor es hacer terapia y medicarse si no sale del atasco.

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