El color que cayó del cielo


Ahora yace enterrado, pero todavía siento su color, su latido y en el gran agujero, hay grietas, donde en las noches destila una luz amarillenta.

Se que está casi todo olvidado, apenas queda lo anecdótico, lo grotezco, las heridas, pero yo se que aquello fue algo más que heridas absurdas, y por supuesto algo más que la mirada de Alba cuando entré a su pieza y tallaba un escudo de madera.

He empezado lentamente a desenterrar el objeto latiente y con suerte lo podré reconstruir y volverá a sonar como La invención de Morel, lamentablemente "volverá a sonar", hoy es un resto arqueológico, como las personas de yeso diseminadas por la ciudad de verano a orillas del Vesubio, pero sé que aquello está vivo y que si ese trigo guardado al lado de la momia del faraón, le hechamos agua brotará y nos hablará de las inundaciones del Nilo, de la magia que esconde el antiguo Egipto.

Paciencia, pero seguro que van a disfrutar de este viaje tanto como yo.
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