La mano invisible de Dios



Existe y no queda duda, la mano invisible del afán de lucro que a fuerza de pistola, publicidades engañosas, presiones económicas, temor a la indigencia e incentivo a la codicia, tiene en vilo a la humanidad desde hace tres siglos. Nos tiene en vilo a fuerza de facturas que se vencen, hipotecas que hay que pagar, coches que tenemos que ostentar, primeras comuniones con las que tenemos que endeudarnos y todo esos pequeños esfuerzos, traiciones y otras coartadas, van sumando gotas a esta fuerza invencible que es (o somos) el capitalismo, ese dios bárbaro, que parece haber creado un Hitler más astuto.
Pero con el capitalismo no hay afuera y adentro, nosotros somos el capitalismo y cada célula de nuestro cuerpo es capitalismo y por lo tanto despojarse de él es convertirse en el hombre invisible.
Queda la esperanza de que exista una mano invisible de Dios, a un Dios que lo vemos como las trompetas del ejercito americano que en las películas clase B de Hollywood siempre venían a rescatar a las caravanas sitiadas por los indios, convertidos en malos de la película.
Pero es que hay que sabar ejercer la crueldad y siempre cuidar las formas, mantener siempre el doble mensaje, nunca justificar las atrocidades, mejor ocultarlas, decir que fue un exceso o en todo caso sacrificar al que imbuído en el afan de lucro se le dio por disparar contra la multitud. Hitler te equivocastes al invocar a los dioses paganos o ellos te aconsejaron mal.

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