digital

Se iba comiendo el dinero digital y mientras más comía más grande y temible se presentaba, como King Kong o los monstruos de las películas japonesas que emergían del mar y siempre terminaban derrotados por un monstruo bueno; era necesario crear el antídoto a ese bicho que iba a terminar primero con el capitalismo y después con la humanidad y por más que algunos utópicos se alegraran de este bicho "come dinero", la realidad que el mundo estaba detenido y los que la pasaban peor, como siempre, eran los más pobres.
 
Estados Unidos impuso en la ONU y en la OTAN una orden de arresto contra todos los hackers del mundo y se los mandó a Silicon Valley, donde fueron interrogados, torturados y a los que le tocaba dar un paseo no volvían más. La rutina era la siguiente primero se los interrogaba, de las maneras más insólitas y lamentables, si no habían confesado, porque probablemente no tenían nada que confesar, lo mismo se los declaraba culpables de ser hackers y eran condenados a muerte, por lo menos de lo que quedaba de ellos, y no contaba el ojo que habían perdido, o algún dedo, en general todos habían perdido la dentadura, habían sido violados,etc. y había, a veces, cuando el talento de los muchachos lo meritaba, un período de redención, donde tenían que declarar su total rechazo por las prácticas hacker, seguidamente juraban ponerse al servicio del bando contrario, el del orden racional y establecido y para probarlo, muchas veces debían ellos mismos ejecutar alguno de sus colegas, generalmente se elegían algunos hacker verdecillos e inútiles, que apenas sabían lo que  era un código, pero que apuntaban a hacker.
 
Con ese ejercito de redimidos, la CIA, bueno en realidad no era la CIA, eran las Naciones Unidas, pero seamos claros, era la CIA, como decía con esos fantasmas, la búsqueda del hacker enemigo público número uno había empezado, el rastreo del  que había creado el más letal de los códigos, aquel que iba a terminar con la economía mundial o con el capitalismo como decía su proclama, sus declaraciones a la prensa.
 
Pero es que el mundo, con seis mil millones de habitantes, no podía volver al dinero real, ya lo han dicho casi todos los economistas, lamentablemente no podemos volver la rueda de la historia, no somos Amis, aunque quisiéramos. Pero la búsqueda fue infructuosa y con los servicios detenidos, la mercaderías pudriéndose por doquier, azoto una peste, la última peste que diezmo a  la humanidad y de la que sobrevivieron un puñado de humanos, que en su fanatismo no solo ejecutaron a todos los hackers, sino a los informáticos, y por supuesto se prohibió el uso de los ordenadores y todo volvió a como era el mundo en la primera década del siglo XX y caminando por una desolada calle de Aracata en Colombia, arrastrando los pies, barbudo, con el libro Glosa de Juan Jose Saer, va el culpable de tanto desastre, aunque su vida es tranquila y tiene planificados sus próximos diez años de vida, con una mezcla de rumba, caipirinha, ron, mujeres y lectura a discreción. 
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