Un cuento de Reyes Magos


"Quiero pedirte que me traigas un león y que pueda tenerlo debajo de mi cama y cuando me duerma oirlo ronronear; porque sé que son de la familia de los gatos y que pueden ser muy cariñosos con sus manasas y te babean entero y quiero también que cuando venga el tío, ese que viene todas las noches a estar con mamá y quiere que le haga un lugarcito en la cama, que Felix me defienda y lo eche de la pieza."
Como buen cartero, no acostumbraba abrir las cartas, pero esa niña le daba un poco de lástima, tan bonita y siempre tapada por la mugre, descalza en pleno invierno y siempre barriendo cuando tendría que estar jugando y entonces pensó que si abría esa carta iba a poder traerle el regalo que pedía.

Conseguir un león era una tarea imposible y darle a cambio uno de peluche hubiera sido una verdadera traición.

A la una de la mañana, ya estaba en el jardin de su amiguita, se acercó a la ventana de su dormitorio y le pidió con señas que le abriera. Cuando ella le abrió, le tomó su mano y se dejó llevar al dormitorio; allí se metió debajo de la cama. Se despertó cuando escuchó que la niña forcejeaba con el tío, salío y lo tomo del cuello y con un rápido cuchillo lo silenció. Le pidió a la niña, de nuevo con señas, que no hiciera ruido.

Metió el cadaver en el baúl y lo llevó hasta la rambla del Raval donde eran frecuentes las peleas entre bandas.

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