Dimensión desconocida

Era tan egoísta que se reprochaba que el dia tuviera solo 24 horas para dedicarse a si mismo. Ese amor que se prodigaba, lo hacía caminar plácido y sereno, seguro de si mismo, sabiendo que no había nadie más importante que él y que incluso, cuando salió de la Caja de Valores, que lo había protegido de la bomba H que había caído. Estaba solo, si solo, podría dedicarse a él, solo a el, sin complejos, sin una esposa acosadora, un jefe vigilante, vecinos, policias, todo había desaparecido. Llegó a su casa todo estaba como lo había dejado, de su mujer solo había quedado un polvo gris en el parquet de la cocina que delataba su contorno, con una escobilla lo recogió y lo arrojó a la basura.

Cerró sus ojos, imaginando todos los  nunca más como:  afeitarse, lavar el coche los domingos, dar pésames, recordar cumpleaños y lo más fatal de todo, ir a trabajar, el reloj, renunciar a la modorra de las siete de la mañana.

 

A las díez se despertó, uy seguro que no hay agua potable, pero si, todo funcionaba a las mil maravillas. Se fue a la biblioteca y se paso toda la mañana organizando un plan de lecturas, que interrumpió a la hora, dejaremos eso al libre gusto, nada de disciplinas autoimpuestas y se sentó en una de las banquetas a leer Nadie, Nada, Nunca de Juan José Saer.

La mediodía volvió a su casa y almorzó solo, como siempre lo hacía, y se durmió un siestón de dos horas, cuando despertó era de noche, y se quedo leyendo en el salon comedor.

 

 

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