El Quijote autor de Pierre Menard

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Cuando Pierre Menard, autor de Borges, se toma el trabajo de reescribir el Quijote nunca pensó que estaba jugando con fuego, que aquello, El Quijote, no era una materia inerte sino un espejo donde había una simetría especular, de igual a igual, como en el cuadro Las meninas donde   se pierden las fronteras de lo real y lo representado. Todo es real, una realidad especular, o mejor dicho múltiple, como un espejo roto.
Los libros para tener vida no necesitan ya un lector, un yo que les insufle vida del mismo modo que una tormenta no está esperando un observador para arrojar su rayo.
Los libros permanecerán junto a los átomos y el fuego,  millones de años después que el hombre se haya extinguido.
Pierre Menard ya está terminando su agobiante y aburrido destino, es la última página de la segunda parte de El Quijote:

Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir;
solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió, o se ha de atrever, a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es carga de sus hombros ni asunto de su resfriado ingenio; Quijote, van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. Vale....


Sabe que habrá un final de su tarea y después podrá caminar libre por el mundo real pero al mirar por un espejo de la habitación donde esta escribiendo cree haber visto una figura espectral, un caballero esquelético, con la barba crecida y se acerca al espejo para encontrar un hombre de espalda gastada que escribe y escribe:
La obra visible que ha dejado este novelista es de fácil y breve enumeración....
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