A por ellos

Te aseguro Raúl que si se enteran en el pueblo que a un extranjero le está yendo bien, van por él.
No creo, le contesto a Pepe, mmm, me parece muy fuerte, no sé, no lo veo.

Me estoy tomando un tinto de verano, en el pueblo de Mojácar, hoy es lunes, y festejamos con cierto atraso el cumpleaño de Pepe. Bati se ha pedido una coca cola. Susana me mira y me pregunta porqué soy optimista, sí, me dice, yo trato de ser positiva, estoy de acuerdo, pero cómo, cómo hago cuando no tengo un peso y tengo que llevar a mi hija al médico. Susana se ha quedado mirándome, perpleja, esperando una respuesta positiva, abierta a que la convenza, que la saque de su pesimismo; ella hace una fría evaluación: lleva cinco años en España y le deben a todo del mundo, lo que entra en su negocio de cerámicas se lo devoran las urgencias. Apenas podemos hablar, la música está a tope en el escenario, parece que algo se festeja hoy, la camarera, de unos 24 años me mira, es hermosa, pienso, seguro que espera que volvamos a consumir.

Bati me desafía, no entiende mi optimismo, ella que trabaja 12 horas diarias, de lunes a lunes, bueno, le digo, ya lo has dicho 10 veces, que trabajás de lunes a lunes. Ella reacciona y Pepe modera, me mira, yo la entiendo, me dice Pepe y me habla directamente a mi. Bati sigue lamentando su heroismo de lunes a lunes y que estemos igual o peor que cuando llegamos hace cuatro años.
Nos pedimos otra vuelta, yo repito el tinto de verano, Bati se pide un café irlandés,Pepe una caña. El bar está lleno de ingleses, a uno le faltan varias piezas dentales, son ingleses pobres, son los que llegaron primero a Mojacar, no son los de ahora, los de clase media baja en su mayoría que vienen a esta zona a sentirse importantes, bien tratados; son mineros del norte, retirados del sur, marineros repletos de tatuajes.

Si no te saludan no tenés que problematizarte, les digo, poniendome en famoso gurú, creyéndome lo que estoy diciendo, todos me miran, no entienden mis palabras, Bati las ironiza, pero a quien le interesa, declara ella, si te saludan o no te saludan los cuevanos, eso ya esta superado, me va a decir a los dos días, cuando estemos viendo Hospital Central, a las once de la noche y a mi se me ocurre sacar el tema de la charla en el bar. Yo me voy a Pepe, que lo veía pesimista, y a Susana desolada, pero Bati va al grano, ¿pero y nosotros, que pasa con nosotros? o acaso estamos mejor que ellos? Yo voy decir diez veces o las que se me de la gana que trabajo de lunes a lunes, me dice, mientras yo procuro estar atento inmutable, procurando que sus palabras no me afecten. Bati sigue inventariando nuestras desgracias, de nuestra incapacidad monetaria de pagar los estudios universitarios de nuestra hija en Granada, si no fuera por la beca, sí la beca, me dice, levantando la voz. Todo va mal, repite y ridiculiza que yo esté inflando globos, que esa no debiera ser mi función, y la cosa sigue hasta que me voy acostar.

Es la una de la mañana, hace unos 25 grados y disfruto de la cama, del sueño que me va llegando de a poquito y pienso que a veces el sueño, el dormir, es un anuncio de la muerte, de la tranquilidad, de que cuando uno duerme desaparecen las deudas, las luchas y todo se transfigura, sigo disfrutando de esa suave transición al sueño y se me ocurre un cuento, se trata de un grupo de amigos, una secta para la gente, que considera que el hombre solo logra la felicidad en este mundo mientras duerme. El grupo considera que la solución no es el suicidio o cambiar el mundo, sino dormir, dormir cada vez más, de ser posible dormir todo el tiempo y reservarse una hora para comer y luego seguir durmiendo. Si es necesario apelar a ciertas plantas o drogas habrá que hacerlo, aquí no hay moralina. Pero queda el problema de la producción económica, de quién trabajará para los dormidos. Bueno pero si todos dormimos, no hará falta mucha producción, todos los objetos los construirá el músculo del sueño.
Se trata de producir lo suficiente para que la humanidad pueda dormir unos cien años más, pensando en los que recién han nacido.

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