Encuentro con Maquiavelo


Ya estaba con sus atuendos de escritor en su buhardilla, y era claro que no sabía o prefería ignorar que estaba muerto, que ahora repetía lo que fue y yo que caigo de improviso, de otro tiempo, interfiero en su eterno y recurrente descanso.
Y le pregunto, él me mira y no se si me va a contestar, que si su libro no fue un despropósito, no, no, digamos la justificación para decir que el bien que un príncipe busca, solo se llega por las vías del mal.
Que en todo caso lo que usted señor Maquiavelo demostró es que la política tiene medios muy eficaces tanto para los buenos como para los malos.
No me contestó y siguió escribiendo una obra de teatro, "la quiero representar aquí, el domingo de la semana que viene, ¿no quiere venir?
Ya no le interesa la política o yo no tengo nivel para entender lo que quiso decir. Imagino que me dice que él solo observó la naturaleza humana: codicia, envidia, deseo de venganza, temor y muy poco amor, compasión, ternura. Él también se encontró con eso, cuando estudió la política del Imperio Romano, y cuando fue embajador.
Le dejé una pregunta: ¿Por qué el Principe nunca lo recibió, nunca leyó su libro?
Me pidió amablemente que me retirará. Anochecía, en la puerta me esperaba una carroza que me llevó al pueblo.
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