Trivial

Lo terrible de este mundo no es el mal en todas su formas: falsarios, codiciosos, violentos, sino el absoluto dominio de la trivialidad.

Por ejemplo hacer un congreso mundial para demostrar que el Holocausto no existió y llenarlo de nazis y racistas que quieren una Europa cerrada a los musulmanes y por lo tanto gente que odia a los que organizan el evento, más que una prueba de maldad, es una prueba de banalidad, del peor surrealismo, el de arrojarse tortas como en las películas mudas, porque el odio, llegado el caso es banal, es una falta de madurez, una vocación absoluta por el autoengaño.

La banalidad está en todo, incluso en el que escribe, desde la publicidad que solo quiere vendernos algo y detras de todo eso la estructura sicológica de la banalidad, carreras que enseñan banalidad, profesionales de la banalidad, santos de la banalidad, catedráticos de la banalidad y millonarios de la banalidad.

La busqueda de la fama, en todas sus formas, es una de estas ridículas búsquedas, la exaltacion de la banalidad llevada a su máxima expresión y de todas ellas, la de los literatos, los artistas, que son una suma de narcisismo, trivialidad y caras en pose.

Pero entonces un mundo que fabrica banalidades seriamente administradas por gente banal, ¿qué queda que no sea banal, transaccional? Creo que casi nada. Solo una huidiza aguja de luz perdida entre gente que se pone seria ante cosas que no son serias y que no presta atención de las cosas que realmente son serias.

No creo en la fama, eppur si muove...
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